Reinventando la Política
La mañana de ayer martes, una cabeza humana abandonada frente al Ayuntamiento de Mazatlán volvió a colocar la violencia en el centro de la vida pública. Ese mismo día, el general Ricardo Trevilla Trejo, secretario de la Defensa Nacional, visitó el puerto para supervisar a las tropas y evaluar las estrategias de seguridad. Para este miércoles está prevista la visita de Omar García Harfuch, titular de la SSPC.
Las coincidencias no necesariamente explican los hechos, pero sí retratan el momento que atraviesa Sinaloa: mientras el Gobierno Federal revisa sus estrategias, la violencia continúa enviando mensajes que las instituciones están obligadas a interpretar.
Ahora bien, últimamente se está manejando una coordinación entre Defensa y SSPC más eficaz, incluida con esto la integración de sus capacidades de inteligencia, esto busca mejorar el intercambio de información y fortalecer las operaciones contra las organizaciones criminales.
El sur de Sinaloa requiere especial atención. Sus dinámicas violentas presentan similitudes con algunas de las disputas territoriales observadas en Michoacán, donde la confrontación criminal puede extenderse al control de comunidades, caminos y actividades económicas. Esto no significa que ambos escenarios sean idénticos, pero sí que la estrategia federal necesita reconocer las particularidades de cada territorio.
Por eso, las visitas de Trevilla y García Harfuch adquieren relevancia en un momento de reordenamiento operativo. La pregunta es si este ajuste permitirá anticiparse a la violencia o si las instituciones seguirán llegando después de que los grupos criminales hayan hecho visible su capacidad de intimidación.
La presencia militar y la coordinación de inteligencia son necesarias, pero no bastan por sí solas. La seguridad también debe medirse por la capacidad de prevenir homicidios, proteger a las comunidades e impedir que la violencia condicione la vida cotidiana y eso no lo entiende la militarización.
Porque una cosa es supervisar las tropas y otra, mucho más compleja, recuperar la tranquilidad. En Mazatlán, la violencia dejó un mensaje frente al Ayuntamiento; ahora corresponde al Estado demostrar que puede responder con algo más que presencia: con resultados. Y urgen.
