Reinventando la Política
Si bien es cierto, para un régimen como Morena, las noticias que incomodan y no porque sean falsas, sino porque obliga al regimen a mirar aquello que preferirien mantener fuera del discurso oficial. La persistencia de las desapariciones en México es una de ellas.
El Comité contra la Desaparición Forzada de Naciones Unidas ha vuelto a insistir en que la situación mexicana debe ser examinada por la Asamblea General, con la posibilidad de fortalecer la cooperación internacional en materia de búsqueda, investigación y atención a las familias.
Ahora bien, conociendo las formas la respuesta gubernamental puede cuestionar los métodos, presentar cifras y defender sus avances. Todo eso forma parte del debate público. Pero hay una pregunta que permanece: ¿Cómo explicar que, mientras las instituciones hablan de estrategias y resultados, miles de familias continúen buscando a sus desaparecidos?
El tema es que el problema no se reduce a una disputa entre el Gobierno mexicano y un organismo internacional. En el fondo, está en juego la capacidad del Estado para garantizar el derecho a la vida, la seguridad, la justicia y la verdad ¿Y la aquiscencia?
¿Podría el régimen hegemónico aceptar el acompañamiento internacional? Y es que esto no tendría por qué interpretarse como una derrota política ni como una renuncia a la soberanía. Por el contrario, puede representar una oportunidad para fortalecer las instituciones, mejorar las investigaciones y esclarecer responsabilidades.
Porque una cosa es localizar personas, un avance que debe reconocerse, y otra muy distinta es resolver las circunstancias de su desaparición, investigar los hechos y llevar ante la justicia a quienes resulten responsables.
En un país donde la desaparición se ha convertido en una herida colectiva, la prioridad no debería ser ganar una discusión diplomática, sino recuperar la confianza de quienes buscan a sus hijos, hermanos, padres y compañeros.
La ONU puede señalar, recomendar y acompañar. Pero la responsabilidad de actuar sigue siendo del Estado mexicano.
La soberanía no se demuestra cerrando la puerta al escrutinio internacional. Se demuestra garantizando que nadie desaparezca sin que el Estado busque, investigue y responda.
