El pasado 28 de octubre se llevó a cabo en Culiacán el informe de labores de la Fundación Pro-Familia de Jornaleros Agrícolas, presentado por su presidente, Roberto Bazúa Campaña. En su vigésimo aniversario, el balance mostró el valor de atender a familias que llegan a los campos de Sinaloa: su bienestar también forma parte del desarrollo agrícola.

Creada en 2006 como brazo social de la Asociación de Agricultores del Río Culiacán, Pro-Familia trabaja con jornaleros migrantes y sus hijos en los valles de Culiacán y Navolato. Sus programas acercan servicios a los albergues agrícolas y buscan que la estancia de las familias incluya atención a necesidades que el empleo, por sí mismo, no resuelve.

En la temporada otoño-invierno 2025–2026, los 77 campos de 48 empresas participantes registraron más de 31 mil personas. De esa población, cerca de 9,400 recibieron atención a través de programas de Pro-Familia. Sostener la cobertura exige coordinar servicios y recursos durante la estancia de las familias, con necesidades que varían cada temporada.

El traslado de una familia jornalera migrante supone dejar su comunidad y organizar su vida alrededor del empleo temporal. Para sus hijos puede significar cambiar de escuela, interrumpir aprendizajes y adaptarse a otro entorno. Acercar servicios a los albergues facilita la atención y ayuda a reducir el gasto familiar en traslados.

El informe recordó que cuidar el campo también significa atender a las personas. Ese principio tiene consecuencias prácticas: el rendimiento y la calidad comercial dependen del trabajo de quienes participan en la producción. Al revisar los resultados de una empresa agrícola, las condiciones de vida de su personal deben formar parte del balance.

Pro-Familia capacita asesores educativos y organiza clubes de tareas para apoyar a niñas y niños migrantes. El desafío es dar continuidad al aprendizaje cuando una familia cambia de lugar de trabajo. Coordinarse con las escuelas y conocer el avance de cada alumno permite orientar el apoyo hacia las dificultades que enfrenta durante su estancia.

Las guarderías y los espacios de atención infantil permiten que madres y padres trabajen con mayor tranquilidad. También forman parte de la prevención del trabajo infantil, junto con la escuela y la alimentación. Reconocer estos avances exige mantener el esfuerzo: cada niña y cada niño deben tener alternativas de cuidado durante la jornada laboral.

El acceso a la salud tiene efectos sobre el ingreso familiar. La unidad médica móvil ofrece atención médica y dental en los campos agrícolas. Recibir una consulta cerca del lugar de trabajo puede ahorrar traslados y facilitar una revisión oportuna. Cuando el sustento depende del jornal, un día sin pago reduce el dinero disponible en casa.

Los desayunos y las comidas calientes para la niñez forman parte del apoyo a las familias durante su estancia. Ofrecerlos con regularidad requiere organizar compras, preparar alimentos y atender a grupos cuya presencia cambia con la temporada. Ese servicio tiene un valor para los padres: contar con alimentación para sus hijos mientras trabajan.

El informe reconoció a las trabajadoras sociales y al personal que lleva programas a los campos. Escuchar a las familias

permite detectar problemas que requieren atención médica o apoyo escolar. Para darles seguimiento se necesita tiempo, capacitación y medios de traslado. Cuidar a ese personal ayuda a sostener la atención en los albergues.

Los productores sostienen buena parte de los servicios, con apoyo de instituciones y donantes. Su continuidad requiere recursos previsibles, porque una temporada con menores márgenes puede presionar el presupuesto de las empresas. Acordar aportaciones antes de la llegada de las familias ayudaría a evitar interrupciones en la atención.

El gobierno puede ampliar la cobertura mediante convenios con presupuesto y tareas definidos. Las autoridades de salud y educación deben programar la atención donde llegan las familias jornaleras, según su presencia estacional. La experiencia de Pro-Familia permite identificar necesidades y orientar los recursos hacia los servicios que hacen falta.

Para las empresas agrícolas, incluir estos servicios en el presupuesto de cada ciclo agrícola ayuda a anticipar gastos y organizar al personal. Las guarderías y la atención de salud pueden favorecer la permanencia de los trabajadores. Esa previsión reduce la improvisación y permite sostener el bienestar durante los meses de mayor actividad.

El aniversario permite reconocer avances y revisar pendientes. Las necesidades cambian entre campos, albergues y comunidades; una misma solución difícilmente responde a todos los casos. ¿Cómo lograr que el lugar donde una persona encuentra empleo agrícola ofrezca condiciones para que sus hijos sigan estudiando y su familia reciba atención médica?

Para ampliar los programas, la Fundación y sus aliados pueden fijar metas por temporada y definir quién financiará cada servicio. Conviene dar seguimiento a la asistencia escolar y a la atención médica recibida. Esa información ayudaría a identificar interrupciones y decidir en qué campos se necesita reforzar el personal o ampliar la cobertura.

El balance de estas dos décadas deja una responsabilidad común. Las familias jornaleras llegan con la esperanza de que su esfuerzo les permita vivir mejor y abrir oportunidades a sus hijos. Dar continuidad a lo construido por Pro-Familia es una forma concreta de responder: que trabajar para alimentar a otros también les permita cuidar de los suyos.

Esto fue Ruta Agrícola, donde cosechamos información.