La vivienda donde fue capturado Ovidio Guzmán aún tiene los estragos de la guerra que se desató. Foto: José Betanzos

Jesús María, Sin.- Desde fuera, cientos de impactos en las puertas, concreto desgajado, piedras, ropa y una granada calibre 40 que no detonó, cintas precautorias ‘voladas’, cristales pulverizados y aceite de motor, al interior, los estragos de una guerra al más puro estilo de Medio Oriente, así se muestra la finca en donde fue capturado “El Ratón“, en Jesús María, sindicatura al norte de Culiacán.

El patio en donde “pusieron el pecho” para defender al jefe, amontona, todavía los casquillos del ‘tostón’ con el que hombres leales a Ovidio Guzmán se enfrentaron a las fuerzas militares, las primeras horas del jueves 5 de enero. En una esquina, un ducto que se asemejaba a un túnel, resguarda una cisterna con capacidad para unos 10 mil litros de agua.

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En el recibidor, el ambiente era desolador. Electrodomésticos en total destrucción, sillones con las patas arriba, latas de refresco y envoltorios de bocadillos, las ventanas destruidas. En las recamaras, las huellas de la batalla.

Sangre en los pisos, en las paredes, en la ropa, al igual que en sábanas y almohadas; todos los pasillos de la casa, permitían de alguna manera, interpretar como es que ocurrió el operativo de recaptura de Ovidio Guzmán, “El Ratón”, ese que según las autoridades federales y estatales, fue ‘limpio’, pero la percepción de los que ahí viven, es todo lo contrario.

Fueron unas 10 horas de terror

“Disparaban a cuanta cosa se movía. A ellos no les importaba si eran personas que salían a refugiarse a otras partes. Actuaron sin cautela, dañaron muchas casas. La verdad realmente no sé cómo es que estamos vivos para contarlo ahorita”, compartió una de las pobladoras.

Después del día “D”, recordó con asombro y con un poco de coraje, un vecino encendió una motocicleta, y uno de sus hijos, un niño de 8 años, de un brinco se levantó de la cama, y sudando y con la voz alterada, le grito: ¡Mamá, mamá, el helicóptero, mamá! Tras un breve silencio, y ya con los ojos cristalizados, la mujer lamentó que la guerra que se vivió, trascendió más allá y generó traumas en los menores.

“Nos robaron la paz, la tranquilidad de nuestros hijos. Al siguiente día, el vecino prendió una moto, y él lo que hizo, se despertó temblando (y dijo) mami, los helicópteros, o sea, nos robaron la tranquilidad”, lamentó.

La denunciante, en unísono del resto del pueblo de Jesús María, expuso los malos tratos y los constantes abusos por parte de las fuerzas del orden y reclamó, “que si ya se había logrado el objetivo que ellos tenían, por qué siguieron generando guerra en una región pacífica”.

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