
Culiacán, Sin.- La tranquilidad en la madrugada de este domingo 4 de agosto fue interrumpida por los ladridos de tres perros que alertaron a don Rubén que “algo no andaba bien”. El instinto y confianza en sus animales hizo que el trabajador con una experiencia de más de 20 años en la empresa para la que labora actuara acatando sus corazonadas y sentido común.
“Escuché que ladraron los perros. Me levanté rápido. Miré que una camioneta se estaba quemando y di aviso a Protección Civil. Luego salí y le avisé a los vecinos que se salieran de sus casas y se fueran a un lugar seguro. No tuve tiempo de nada, más que de activar el sistema contra incendios. Por eso los tanques fueron rociados con agua por el mismo sistema para que no explotaran” Señaló don Rubén.
En el lugar había estacionadas decenas de unidades de conocida empresa gasera, entre las que había pipas con capacidad para 12,500 litros de gas LP y otras de 5000, así como carros repartidores de tanques de gas doméstico con capacidad para 30 kg, de los cuales 10 pipas de 12,000 litros se quemaron, así como otras dos de 5000 y 15 carros repartidores de cilindros de gas.
En el sitio también había dos tanques de almacenamiento con capacidad para 250,000 litros que por fortuna no explotaron al igual que las pipas, pero cientos de cilindros de 30 kg quedaron expuestos a las altas temperaturas por el incendio y decenas de ellos explotaron saliendo disparados como proyectiles por el aire hasta caer en la misma propiedad de la empresa gasera que se ubica por el camino pavimentado principal que conduce a la colonia Juntas de Humaya, junto a las vías del ferrocarril.
En cuestión de minutos el incendio se salió de control, por lo que se esperaba lo peor por parte de los elementos del Cuerpo de Bomberos Culiacán que llegaron al sitio a bordo de varias unidades para atacar el fuego y según sus propias declaraciones desde kilómetros de distancia alcanzaban a ver la columna de lumbre que se alzaba en la oscuridad de la madrugada, al tiempo que las explosiones relumbraban en el cielo pintando de anaranjado el horizonte.
Son las 9 de la mañana de este domingo 4 de agosto y los camiones de emergencia entran y salen a los patios de la planta de gas donde todavía el fuerte olor a hidrocarburo invade el ambiente y se mete en lo profundo de las fosas nasales. Adentro, donde están los 27 carros convertidos en chatarra y achicharrados, los bomberos continúan tirando chorros de agua con mangueras de una y media pulgada para seguir enfriando las pipas, cuyas válvulas de seguridad siguen ardiendo.
Afuera, don Rubén conduce una vieja bicicleta mientras abre el portón de malla ciclónica de la entrada principal a la planta de gas donde personal se Protección Civil coloca los sellos de “Clausurado” y pasa desapercibido frente a todos los presentes, sin que ellos se den ni siquiera la más mínima idea que él fue el héroe sin capa que logró salvar muchas vidas y el patrimonio de los vecinos de la Juntas de Humaya al activar el botón de pánico contra incendios y alertar a sus vecinos para que salieran de sus domicilios y trasladarse a un lugar lejano.
“Yo fui y bajé ahí por la vía para decirle a la gente que evacuara. Que me ayudara a avisarle a los demás, les toqué la puerta para que se levantaran y cuando llegaron los bomberos y protección civil ellos se hicieron cargo de toda la situación y yo me retiré lo más lejos que pude”. Señaló el adulto mayor que con orgullo dice tener más de 20 años laborando para la empresa por la que hoy arriesgó su vida para salvar a la de los demás.




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