
Guasave, Sin. – Un descubrimiento arqueológico en la comunidad de Palos Verdes, Guasave, ha despertado el interés del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), al tratarse de uno de los hallazgos más relevantes para comprender los procesos culturales en el norte de México: un crematorio prehispánico, aparentemente utilizado exclusivamente para infantes menores de un año, asociado a materiales cerámicos de la tradición Aztatlán.
El sitio, recientemente registrado ante el INAH por el arqueólogo Rodrigo Vivero Miranda, doctorando en la Universidad de Oklahoma, no solo ha sido protegido legalmente como Patrimonio de la Nación, sino que también abre nuevas preguntas sobre la interacción entre Mesoamérica y las culturas del norte como la Huatabampo.
“El hallazgo reafirma que Guasave fue una zona fronteriza hace casi 900 años, un espacio de transición cultural donde coexisten elementos locales y mesoamericanos”, explicó Vivero en su visita al Centro INAH Sinaloa, encabezado por el director Servando Rojo Quintero.
Guasave: punto clave para entender la “mesoamericanización” del norte
La investigación, respaldada por el Centro INAH Sinaloa y realizada también en la Isla Macapule, sugiere que entre los siglos XII y XV esta región fue un punto de reunión social y funerario. Ahí, se han encontrado restos de urnas, cremaciones y cerámica policroma asociada a la tradición Aztatlán, lo que podría cambiar la visión tradicional sobre los límites de Mesoamérica.
“Mi proyecto busca abrir nuevamente la discusión sobre si esta región puede considerarse el extremo norte de Mesoamérica o si sigue siendo parte del norte cultural mexicano. Lo que hemos encontrado hasta ahora apunta a una interacción compleja, no a una imposición cultural”, señaló el investigador.
El primer crematorio infantil de Sinaloa y cerámica sin alterar
Uno de los hallazgos más sorprendentes de la actual temporada de trabajo es un crematorio prehispánico exclusivo para menores de un año. La ausencia de dientes o huesos largos sugiere que este espacio funerario tuvo un uso específico. Lo relevante es que es el primer crematorio de su tipo hallado en Sinaloa, y que coexiste con materiales cerámicos Aztatlán, lo que apunta a una fusión cultural y no a una sustitución de tradiciones.
“Lo interesante no es sólo el crematorio, sino que los elementos culturales no se superponen, sino que coexisten. Estamos hablando de un sincretismo temprano entre el norte de México y Mesoamérica”, explicó Vivero.
Además, se han recuperado materiales cerámicos en contextos primarios — sin alteración — y restos de carbón vegetal, lo que permitirá realizar dataciones precisas y reconstruir aspectos de la organización social. Estos hallazgos también podrían ofrecer pistas sobre cambios en la estructura social y la vida cotidiana tras la llegada de la tradición Aztatlán.
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El papel de la Universidad de Oklahoma y el llamado a las autoridades locales
Durante su visita al INAH en Culiacán, Vivero externó su intención de continuar la investigación sin solicitar recursos al municipio, luego de no haber logrado una reunión con autoridades guasavenses. Aclaró que el objetivo del proyecto es netamente académico y que incluso podría ofrecer oportunidades laborales y de formación binacional para estudiantes de arqueología de México y EE.UU.
“La Universidad de Oklahoma tiene fondos específicamente para investigación. Yo no vengo a pedir recursos, sino a ofrecer un proyecto gratuito que pertenece a la historia de Guasave. Este trabajo busca quedarse aquí y beneficiar a las comunidades”, insistió.
¿Frontera cultural o espacio de convergencia?
Los hallazgos permiten replantear el papel de Guasave dentro de las antiguas divisiones entre Mesoamérica y Aridoamérica. La coexistencia de materiales no locales con tradiciones del norte como la Huatabampo podría ser prueba de un proceso cultural autónomo, con incremento en la interacción social local y posibles migraciones, más allá del simple contacto con el sur.
Finalmente, la ubicación de los sitios sobre el antiguo cauce del río Petatlán, junto con la alta salinidad de los suelos, sugiere que las estrategias de subsistencia de estas poblaciones fueron la pesca, la recolección y la caza, una adaptación que también merece estudiarse en el marco de los cambios culturales del periodo.
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