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Los Mochis, Sinaloa. – Entre música, dulces y juegos, las posadas se convirtieron en el escenario perfecto para escuchar la voz más sincera de la Navidad: la de las niñas y los niños. Con frases espontáneas y sonrisas contagiosas, describieron la fiesta “chida”, gracias a los toritos, los inflables y la comida que no faltó, desde elotes y hamburguesas, pizzas, hasta tacos de carne asada, piñatas y bolsas de dulces.

¿Cómo se la pasaron los niños en su posada escolar?

La alegría se reflejó en cada brinco en los juegos inflables y en cada carrera improvisada entre amigos, confirmando que la esencia de la Navidad vive en esos momentos simples que se quedan en la memoria.

Bien, chida, todo bien chida, con los toritos y los inflables y pues todo eso, todo chida. ¿Cómo se la están pasando en su posada? Bien, bien. ¿Qué encontraron en la escuela ahora? Elotes, brincolines, carne asada. ¿Qué les parece la fiesta? Muy bien, bien, dulces, hamburguesas”.

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¿Qué pidieron para Navidad?

Entre el bullicio, también apareció la ilusión de los regalos. Las peticiones fueron tan diversas como auténticas, como muñecas y juegos de mesa; otros sueños apuntaron más alto, a las consolas de videojuegos y celulares; hubo quien, con picardía infantil, pidió “cien mil pesos”, provocando risas entre los presentes.

Cada respuesta reveló más que un objeto: mostró deseos, imaginación y esperanza; los regalos se convirtieron en símbolos de ilusión y expectativa.

Posadas en Los Mochis

Posadas en Los Mochis

Un juego de mesa. Una Monster High. Una gorra. Un peluche, también un balón de fútbol y una tarjeta de Roblox. Cien mil pesos. -¿Qué pediste? Pedí una consola de videojuegos. Yo, un Samsung Galaxy S24 y una bicicleta. Una Play. Yo pedí un carro de control remoto y una pistola Nerf. – ¿Qué pediste para Navidad? Unos audífonos. Yo pedí una máquina para hacer slime. Una muñeca para peinar y patines”.

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¿Se portaron bien para recibir regalos?

La tradición también estuvo presente. Algunos niños contaron que ya hicieron su cartita y la colocaron en el pino, asegurando que se portaron bien “todo el año”, aunque alguno confesó entre risas que en la escuela “casi no”. En las cartas, las palabras se repitieron con ternura: “Querido Santa Claus, me porté bien y quiero lo que pedí”.

“Sí, ya la hice. ¿Y dónde la pusiste? En el pino. ¿Y ya le hiciste la cartita? Sí, ¿y te portaste bien? Sí, ¿qué le pusiste a la carta? Que me había portado bien todo el año y que me trajera lo que pedí y ya. Querido Santa Claus, te pido un carro de control remoto y una pistola Nerf. ¿Y te portaron bien para recibir regalos? Yo sí, pero en la escuela casi no. De portarme bien, no sé. Santa no existe. ¿Cómo que Santa no existe? No, no existe.

Entre la duda y hasta la incredulidad de quien aseguró que “Santa no existe”, quedó claro que, más allá de certezas o mitos, la magia sigue viva. Porque aun cuando alguno lo ponga en duda, la Navidad se manifiesta en la convivencia, en la risa compartida y en la emoción de esperar.

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Así, entre posadas “bien chidas” como ellos las calificaron y sueños envueltos en papel de regalo, las niñas y los niños recordaron que la Navidad no solo se recibe, también se siente.

Y en cada sonrisa, quedó claro que la ilusión sigue siendo el mejor regalo.