Por: Javier López
El templo conocido como el Santuario fue diseñado por el arquitecto Luis F. Molina y construido sobre un terreno donado por dos prominentes terratenientes de la época: los hermanos Amado y Miguel Andrade. La principal promotora de la obra fue Francisca Bátiz de Cañedo, esposa del gobernador, por lo que se trató de un proyecto impulsado por la élite económica y política de la ciudad, cuyo diseño debía responder a las expectativas y gustos de este exclusivo grupo.
Molina proyectó e inició la construcción de la iglesia, pero no pudo concluirla debido a su precipitada salida de Culiacán ante la llegada de los revolucionarios maderistas. Cuando los trabajos se interrumpieron, la edificación alcanzaba apenas entre seis y ocho metros de altura.
Años más tarde, la sociedad culiacanense y la Iglesia católica recuperaron las condiciones necesarias para reanudar la obra y continuar con la construcción del templo.
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