Por Javier López.
El origen de la Libramiento Sur de Culiacán, popularmente conocido como “La Costerita”, se remonta a principios de la década de los 90. Diseñada inicialmente como una modesta rúa de dos carriles, su propósito fundamental era desviar el denso tráfico pesado que asfixiaba a la ciudad, canalizando los vehículos desde la carretera libre México 15 hacia la autopista. Lo que nació como una vía de escape periférica y de tránsito meramente comercial, pronto se vería alcanzado por el acelerado dinamismo de la capital sinaloense.
Con el paso de los años, el crecimiento demográfico y comercial de Culiacán rompió sus antiguos límites, expandiéndose con fuerza imparable hacia el sur. Esta intensa urbanización, sumada a una demanda vehicular en constante aumento que incluía transportistas, viajeros y locales, obligó a las autoridades a ampliar la carretera a cuatro carriles. La Costerita dejó de ser una simple vía alterna para consolidarse como una de las arterias más transitadas y vitales de la región.
Hacia el año 2006, el flujo automotriz volvió a rebasar las capacidades de la rúa, marcando el inicio de una nueva metamorfosis estructural. Fue necesaria la implementación de aplicaciones de asfalto adicionales, retornos estratégicos y carriles auxiliares que dieron paso a una moderna arquitectura de puentes y pasos a desnivel. Hoy en día, esta vialidad no solo representa un testigo del crecimiento metropolitano, sino el eje conector que sostiene la movilidad económica y habitacional del nuevo sur de la ciudad.
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