Guasave, Sin.- A las 17:15 horas de este jueves 30 de abril, la comunidad de la sindicatura de Gabriel Leyva Solano, Batamote, en Guasave, quedó envuelta en un ambiente de profundo silencio al dar cristiana sepultura a los cuerpos de Karely e Itzel, madre e hija y dos de las cuatro mujeres víctimas de la violencia registrada el pasado lunes 27 de abril en la ciudad de Culiacán.
Un ambiente de pesadumbre
Lejos de las escenas de dolor estruendoso que suelen acompañar este tipo de momentos, lo que predominó fue un silencio que se extendió desde la iglesia del poblado hacia cada rincón de la comunidad, generando una sensación de desconcierto entre los presentes.
¿Cómo fue la misa?
Desde poco antes de las 17:30 horas, el ambiente ya se percibía tenso y sin ánimo, incluso en una fecha que tradicionalmente es de júbilo, como el Día del Niño. Sin embargo, en Batamote la tristeza se percibía al recibir en su iglesia, Nuestra Señora de Guadalupe, a dos de sus hijas.
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A pesar de que ambas tenían más de una década viviendo fuera de la comunidad, el recibimiento reflejó el arraigo y cariño que aún mantenían con su lugar de origen.
¿Cómo se les recibió?
Las carrozas arribaron en medio de un silencio casi total. Un grupo inicial de alrededor de 50 personas se congregó para esperar su llegada, número que fue aumentando con el paso de los minutos.
No hubo gritos desgarradores ni escenas de desesperación colectiva; en cambio, algunas lágrimas discretas y miradas perdidas reflejaban el impacto emocional del momento.
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La forma en que ocurrieron los hechos que les arrebataron la vida ha dejado a la comunidad en un estado de incredulidad, al tratarse, según se ha señalado, de víctimas colaterales de la violencia que se vive en el estado. Ellas estaban ahí y ser testigos de un momento de horror, cuando asesinaron a Elizabeth y Teresa, también las volvió víctimas.
Esta condición ha generado una mezcla de dolor e indignación que, lejos de expresarse con ruido, se manifestó en un silencio que helaba el ambiente, pero que también alberga la esperanza de justicia, aunque sea un poco de ella.
Tras la ceremonia religiosa, madre e hija fueron acompañadas por una caravana de familiares, amigos y habitantes del poblado. La tambora sonó mientras los vehículos avanzaban en señal de despedida, escoltando a Karely e Itzel hasta el lugar donde finalmente descansarán juntas.
El hecho ha dejado una huella profunda en Gabriel Leyva Solano, donde el silencio de este día quedará como reflejo del dolor que embarga a toda una comunidad.
