Ciudad de México.- Aunque suele verse con humor en redes sociales o como una fecha para compartir canciones de desamor, el 29 de julio, conocido como el Día Internacional del Mal de Amores, también invita a hablar de una experiencia emocional que prácticamente todas las personas viven en algún momento.
Más allá de una ruptura sentimental, el duelo afectivo puede modificar el estado de ánimo, el sueño, el apetito e incluso la salud física.
Lejos de romantizar el sufrimiento, especialistas en salud mental coinciden en que el desamor forma parte de los procesos normales de la vida y que aprender a atravesarlo de manera saludable fortalece la capacidad para construir relaciones futuras.
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¿Por qué una ruptura amorosa puede sentirse como un dolor físico?
Cuando una relación termina, el cerebro no solo procesa la pérdida desde el plano emocional. Diversas investigaciones han encontrado que las regiones cerebrales relacionadas con el dolor físico también pueden activarse durante un rechazo amoroso o una separación, lo que explica por qué muchas personas describen la sensación como un ‘dolor en el pecho’ o un vacío difícil de ignorar.
A ello se suman cambios en sustancias químicas como la dopamina y la serotonina, involucradas en la regulación del placer, la motivación y el bienestar. Por esa razón, durante los primeros días o semanas es frecuente experimentar tristeza, irritabilidad, dificultad para concentrarse o alteraciones del sueño.
Estas reacciones no significan que exista un problema de salud mental por sí mismas; forman parte de un proceso de adaptación ante una pérdida importante.
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¿Cuándo el mal de amores deja de ser una etapa normal?
No todas las personas viven una ruptura de la misma manera. Mientras algunas recuperan poco a poco sus actividades habituales, otras pueden permanecer durante meses con un intenso sufrimiento que afecta su trabajo, estudios, relaciones familiares o autocuidado.
Los especialistas recomiendan buscar apoyo profesional cuando el malestar es persistente, aparecen sentimientos de desesperanza, aislamiento extremo, consumo excesivo de alcohol u otras sustancias, o cuando la persona pierde el interés por actividades que antes disfrutaba.
Pedir ayuda psicológica no significa que alguien sea ‘débil’ o incapaz de superar una ruptura; representa una herramienta para procesar la experiencia de forma saludable y reducir el riesgo de complicaciones emocionales.
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¿Qué ayuda realmente a sanar un corazón roto?
No existe una fórmula universal para superar una decepción amorosa, pero sí estrategias respaldadas por profesionales de la salud mental.
Aceptar que el duelo requiere tiempo, mantener una rutina de descanso, alimentación y actividad física, conservar el contacto con familiares y amistades, así como limitar la idealización constante de la relación, suelen favorecer la recuperación emocional.
También es recomendable evitar decisiones impulsivas durante los primeros días, como intentar retomar inmediatamente la relación, buscar reemplazarla de forma apresurada o refugiarse exclusivamente en el consumo de alcohol u otras sustancias para disminuir el dolor.
Con el paso del tiempo, muchas personas descubren que una ruptura también puede convertirse en una oportunidad para fortalecer la autoestima, redefinir prioridades y desarrollar vínculos más sanos.
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¿Por qué vale la pena hablar del mal de amores?
Durante años, el desamor fue minimizado con frases como ‘ya se te pasará’ o ‘hay más personas en el mundo’. Sin embargo, hoy existe mayor conciencia de que las emociones asociadas a una pérdida afectiva merecen ser escuchadas y atendidas sin burlas ni estigmas.
El Día Internacional del Mal de Amores no busca celebrar el sufrimiento, sino recordar que atravesar una ruptura es una experiencia profundamente humana. Reconocer las emociones, darles espacio y buscar apoyo cuando sea necesario puede marcar la diferencia entre un duelo saludable y uno que termine afectando la calidad de vida.
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