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México.- El estrés es una respuesta natural del organismo ante situaciones que percibimos como desafiantes o amenazantes. En pequeñas dosis puede ser útil, ya que nos mantiene alertas y enfocados; sin embargo, cuando se vuelve constante o intenso, puede afectar de manera significativa nuestra salud física, mental y emocional.
Comprender cómo protegernos del estrés es clave para mejorar nuestra calidad de vida y prevenir problemas a largo plazo.
Cuando una persona está sometida a estrés de forma prolongada, el organismo activa mecanismos fisiológicos que, mantenidos en el tiempo, pueden generar desequilibrios importantes.
La evidencia científica ha demostrado que el estrés crónico puede afectar:
- El desarrollo y funcionamiento cerebral, especialmente en áreas relacionadas con la memoria, la atención y la regulación emocional.
- El sistema circadiano, encargado de regular los ritmos biológicos diarios, como el ciclo de sueño-vigilia.
- El metabolismo, alterando la forma en que el cuerpo utiliza y almacena la energía, lo que puede influir en el aumento o pérdida de peso.
- La calidad del sueño, dificultando conciliarlo o mantenerlo, lo que a su vez incrementa la fatiga y la irritabilidad.
Estos efectos no ocurren de manera aislada: se retroalimentan, aumentando la vulnerabilidad a trastornos de ansiedad, depresión, enfermedades cardiovasculares y metabólicas.
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Acciones para protegerse del estrés de acuerdo con la ciencia
1. La actividad física como aliada contra el estrés
Realizar actividad física de manera regular es una de las estrategias más eficaces para mitigar el estrés. El ejercicio aeróbico estimula la liberación de endorfinas y otros neurotransmisores asociados con el bienestar, además de reducir los niveles de cortisol, la hormona del estrés.
Actividades accesibles y sostenibles incluyen:
- Caminar al menos 20 minutos al día.
- Correr a un paso constante y moderado.
- Andar en bicicleta.
- Nadar.
No es necesario un entrenamiento intenso, la constancia es el factor más importante.
Incorporar el movimiento como parte de la rutina diaria contribuye a mejorar el estado de ánimo, la calidad del sueño y la salud general.
2. El valor de las actividades lúdicas
Las actividades lúdicas como pintar, dibujar, tocar música, escribir o cualquier forma de expresión creativa, cumplen una función reguladora del estrés. Estas prácticas permiten enfocar la atención en el presente, disminuir la rumiación mental (pensamientos obsesivos) y facilitar la expresión emocional.
Diversos estudios muestran que el juego y la creatividad no son exclusivos de la infancia; en la adultez también favorecen la flexibilidad cognitiva, la relajación y la sensación de logro personal.
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3. Atención profesional en salud mental
Cuando el estrés interfiere de manera persistente con la vida diaria, acudir a terapia con profesionales de la salud mental es una decisión preventiva y responsable.
Psicólogos y psiquiatras cuentan con herramientas basadas en evidencia para ayudar a identificar las fuentes de estrés, desarrollar estrategias de afrontamiento y fortalecer la resiliencia emocional.
La terapia no solo es útil en momentos de crisis; también puede ser un espacio de autoconocimiento y crecimiento personal.
4. Construir una rutina protectora
Protegernos del estrés no depende de una sola acción, sino de un conjunto de hábitos sostenidos en el tiempo.
Integrar actividad física, espacios de recreación, descanso adecuado y apoyo profesional cuando sea necesario permite amortiguar los efectos negativos del estrés y promover un equilibrio integral entre cuerpo y mente.
Toma en cuenta que cuidar nuestra salud mental es una inversión a largo plazo.
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