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México.- En los últimos años, el ayuno, especialmente el llamado intermitente, ha ganado popularidad como una estrategia para mejorar la salud, controlar el peso y prevenir enfermedades metabólicas.
Sin embargo, también ha generado dudas y teorías encontradas, ¿es realmente beneficioso saltarse el desayuno?, ¿o puede traer consecuencias negativas para el organismo? La respuesta, como sugiere el enfoque del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (Issste), no es absoluta.
El ayuno no es bueno ni malo por sí mismo: todo depende de la persona, su historial clínico y la manera en que se practica.
Los beneficios del ayuno
Uno de los beneficios más estudiados del ayuno es su efecto sobre el control del azúcar en sangre. Al espaciar los periodos de ingesta, el cuerpo puede mejorar su sensibilidad a la insulina, lo que ayuda a regular los niveles de glucosa.
En algunos casos, esto puede contribuir a la prevención de la diabetes tipo 2, especialmente cuando el ayuno se acompaña de una alimentación balanceada y supervisión profesional.
Otro efecto relevante es la quema de grasa. Cuando el organismo agota sus reservas inmediatas de glucógeno, comienza a utilizar la grasa corporal como fuente de energía. Este proceso ha hecho que muchas personas consideren el ayuno como una herramienta para la pérdida de peso.
No obstante, este beneficio no ocurre de manera automática ni garantiza resultados sostenibles si no se acompaña de hábitos saludables.
A nivel celular, el ayuno también se ha asociado con la autofagia, un mecanismo mediante el cual el cuerpo elimina células dañadas y recicla componentes celulares. Este proceso se relaciona con un envejecimiento más saludable y con la protección frente a ciertas enfermedades, pero hay que tomar en cuenta que esta investigación sigue en desarrollo.
Además, algunas personas reportan una mejora en la salud digestiva, ya que el aparato gastrointestinal tiene periodos de descanso que podrían reducir inflamación leve o malestares estomacales en casos específicos.
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Los riesgos y limitaciones del ayuno
A pesar de sus posibles ventajas, el ayuno no es una práctica universal ni exenta de riesgos. Uno de los principales es el desarrollo de una relación poco saludable con la comida.
En personas con antecedentes de trastornos de la conducta alimentaria (TCA), el ayuno puede detonar conductas restrictivas, ansiedad o momentos de atracón, por lo que no se recomienda en estos casos.
Otro efecto negativo frecuente son los bajones de energía. Mareos, fatiga, dolor de cabeza o dificultad para concentrarse pueden experimentarse, especialmente si no se mantiene una adecuada hidratación o si el cuerpo no está adaptado al ayuno. Esto puede afectar el desempeño laboral, académico o físico.
También existe el riesgo de perder masa muscular, sobre todo cuando el ayuno se combina con una ingesta insuficiente de proteínas o la ausencia de ejercicio de fuerza.
La pérdida de músculo no solo impacta la apariencia física, sino también el metabolismo y la salud a largo plazo.
Asimismo, está el llamado efecto rebote. Tras periodos prolongados de restricción, algunas personas tienden a comer en exceso, anulando los beneficios logrados e incluso generando aumento de peso.
Esto suele ocurrir cuando el ayuno se adopta sin planeación, como una solución rápida en lugar de un cambio de hábitos sostenible.
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El desayuno como práctica diaria
Contrario a la idea de que ‘desayunar engorda’ múltiples estudios muestran que un desayuno equilibrado puede aportar energía, mejorar la concentración y ayudar a regular el apetito durante el resto del día. Para muchas personas, niños, adolescentes, adultos mayores, mujeres embarazadas o personas con enfermedades crónicas, desayunar es una necesidad más que una elección.
El problema no suele ser el desayuno en sí, sino qué y cómo se desayuna. Alimentos ultraprocesados, altos en azúcares y grasas refinadas pueden generar picos de glucosa y hambre temprana. En cambio, un desayuno con proteína, fibra y grasas saludables contribuye a una mejor la salud.
Acude con un profesional si tienes dudas
El mensaje central del Issste es claro: no existen soluciones únicas. El ayuno puede ser una herramienta útil para algunas personas, pero no debe adoptarse por moda ni sin orientación.
Factores como la edad, el estado de salud, el nivel de actividad física y la historia personal con la alimentación deben considerarse antes de tomar una decisión.
Contar con la asesoría de profesionales de la salud, como nutriólogos y médicos, permite evaluar riesgos, adaptar estrategias y evitar consecuencias negativas. Al final, el objetivo no es elegir entre desayunar o ayunar, sino construir una relación consciente, flexible y saludable con la comida.
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