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Redacción.- Aunque suele parecer un detalle menor, el color del plato puede influir en la cantidad de comida que una persona consume. Diversos estudios en el campo de la psicología han demostrado que la percepción visual juega un papel clave al momento de servir los alimentos, generando efectos que pasan desapercibidos en la vida cotidiana.
¿Por qué el color del plato influye en cuánto comemos?
Especialistas señalan que el contraste entre el alimento y el plato activa mecanismos cerebrales que afectan la percepción de las porciones. Este fenómeno, conocido como la ilusión de Delboeuf, provoca que cuando los colores son similares, las personas tienden a subestimar la cantidad de comida servida. Por ejemplo, un platillo claro sobre un plato blanco puede parecer menos abundante de lo que realmente es.
Investigaciones de la Universidad de Cornell han respaldado esta teoría al evidenciar que, cuando existe poco contraste visual, los comensales pueden servirse hasta un 22% más de alimento. En cambio, cuando los colores contrastan de forma marcada, la percepción de las porciones mejora y se reduce el consumo excesivo.
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¿Qué efectos tienen los distintos colores en el apetito?
El color de la vajilla también puede modificar el apetito de distintas formas:
- Platos blancos: generan poco contraste con muchos alimentos, lo que puede llevar a servir porciones más grandes.
- Platos rojos: pueden reducir el apetito, ya que el cerebro los asocia con señales de alerta o “alto”.
- Platos azules: hacen que la comida luzca menos atractiva, disminuyendo el deseo de comer.
- Platos negros: alteran la percepción del tamaño, haciendo que las porciones parezcan más abundantes.
- Platos amarillos: pueden estimular el consumo, especialmente en niños o personas mayores.
En conclusión, factores aparentemente simples como el color del plato pueden influir en los hábitos alimenticios sin que lo notemos. Comprender estos efectos permite tomar decisiones más conscientes al momento de servir y consumir alimentos. Así, pequeños cambios visuales pueden convertirse en aliados para mejorar la relación con la comida.
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