El Día de Muertos es una de esas celebraciones en las que México demuestra que hasta a la muerte sabe mirar de frente, ponerle flores, música, comida y, por supuesto, una buena dosis de humor. Aquí la muerte no solamente se llora, también se recuerda, se invita a la mesa y hasta se viste de gala.
En esa relación tan particular con la muerte aparece la figura de José Guadalupe Posada, el gran grabador y caricaturista mexicano que, a principios del siglo XX, creó una de las imágenes más representativas de nuestra cultura: la famosa calavera que, originalmente, llamó la calavera garbancera, una crítica social que retrataba a quienes renegaban de sus raíces populares para aparentar una condición social distinta, como si la elegancia pudiera ocultar que, al final, todos tenemos el mismo destino.
Fue Diego Rivera quien, posteriormente, la bautizó como la catrina y la inmortalizó con su elegante sombrero y vestido en el mural” Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central”. Desde entonces, aquella calavera dejó de ser solamente una sátira política y social para convertirse en uno de los símbolos más reconocibles de la identidad mexicana.
Y aquí viene una curiosidad que parece sacada de una película, literalmente. El espectacular desfile del Día de Muertos que hoy recorre las calles de la Ciudad de México no nació de una antigua tradición popular, sino de Hollywood.
En 2015, la película Spectre, protagonizada por Daniel Craig en el papel de James Bond, abrió con una impresionante escena de un desfile de muertos por las calles del Centro Histórico de la capital mexicana. El desfile, sin embargo, no existía en la realidad. La producción cinematográfica imaginó aquella celebración y, ante el impacto que provocó, las autoridades capitalinas decidieron hacerla realidad en 2016. Así nació una nueva tradición urbana inspirada por el agente 007.
Y, quizá, ahí está también parte de la riqueza de nuestra cultura: las tradiciones no solamente se heredan, también se reinventan. Un grabador de principios del siglo pasado nos dejó una calavera que terminó convertida en símbolo nacional, un muralista le puso nombre y vestido y una película de James Bond terminó regalándole a la Ciudad de México uno de sus desfiles más vistosos.
Al final, entre flores de cempasúchil, veladoras, fotografías, pan de muerto y calaveras elegantes, el Día de Muertos nos recuerda que la memoria es una forma de mantener viva la presencia de quienes ya no están.
Y como seguramente diría la catrina de Posada: aunque algunos se vistan de catrines, otros de políticos y unos más de agentes secretos, hay algo que no admite privilegios: la muerte es la única democracia en la que todos tenemos asegurado nuestro lugar.
