Ruta Agrícola

 

El Informe Mundial del Agua 2026, de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), advierte que las desigualdades de género agravan la crisis hídrica. Este informe, plantea una tarea para México: revisar quién recibe el agua y quién decide sobre ella. De esas decisiones dependen el gasto familiar y la posibilidad de producir alimentos.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) publicó este documento en nombre de la ONU-Agua. Su título, Agua para todas las personas, igualdad de derechos y oportunidades; resume el enfoque: asegurar el abastecimiento exige atender las barreras que limitan a mujeres y niñas, además de construir más obras.

El informe recoge una cifra de 2024: alrededor de 2 mil 100 millones de personas carecían de agua potable gestionada de manera segura. Este servicio implica disponer de agua en la vivienda, cuando se necesita y libre de contaminación. Tener una tubería cerca puede mejorar el acceso, pero no garantiza esas condiciones ni elimina los riesgos de enfermarse.

En 53 países con datos disponibles, mujeres y niñas dedican unos 250 millones de horas diarias a recolectar agua, según una estimación difundida por la ONU. Ese tiempo reduce sus posibilidades de estudiar, trabajar o descansar. Al evaluar una obra de abastecimiento, recuperar esas horas también debe contarse entre los beneficios para las familias.

En la agricultura, el acceso al agua está ligado a los derechos sobre la tierra y a la representación en las organizaciones. El informe documenta barreras que enfrentan las mujeres para disponer de riego. Una productora puede trabajar la parcela y conocer sus necesidades, pero tener escasa participación cuando se asigna el agua.

La gestión del agua define quién recibe el recurso, cómo se distribuye y quién responde cuando falta. Participar en un comité debe permitir conocer la información y discutir las decisiones que afectan el abastecimiento. ¿Qué tan representativa puede ser esa gestión si las mujeres que trabajan la tierra o abastecen sus hogares tienen poca voz?

México cuenta con el Programa Nacional Hídrico 2026–2030, que contempla medir extracciones, conservar la infraestructura de riego y promover la participación igualitaria en los consejos de cuenca. Aplicarlo exige presupuesto y responsables claros. Su evaluación debe mostrar qué cambió en el suministro y quiénes recibieron los beneficios.

Las necesidades cambian entre regiones. En zonas áridas, la presión sobre las fuentes de agua obliga a ajustar la demanda; en comunidades con agua disponible, pueden faltar redes, tratamiento y mantenimiento. Por eso, una política nacional necesita ser por cuenca: el territorio donde el agua escurre hacia un destino común y conecta a sus habitantes.

En Sinaloa, el agua determina la superficie de siembra y el empleo. Una distribución tardía o incierta complica la compra de insumos y la contratación de trabajadores. La planeación debe considerar el suministro de las comunidades rurales, porque las familias que sostienen la producción necesitan agua segura durante todo el año.

La Comisión Nacional del Agua (Conagua), los estados y las organizaciones de usuarios deben publicar información comprensible sobre disponibilidad y distribución. Medir extracciones, revisar pérdidas y explicar los criterios ayuda a planear. Para que esa información sea útil, necesita actualizarse y llegar a todos los productores.

Tecnificar el riego puede mejorar el uso del agua en la parcela, pero exige inversión y mantenimiento. Al otorgar apoyos, conviene calcular el gasto de energía y la capacidad del productor para operar el equipo. El financiamiento debe incluir asesoría: una instalación que falla puede añadir deudas sin resolver el problema que motivó la compra.

La productividad del agua debe evaluarse junto con el equilibrio de la cuenca. Producir más por metro cúbico beneficia al agricultor, pero el ahorro para otros usuarios depende de cuánto se consume y del agua que regresa al sistema. Mejorar el riego requiere medir sus efectos en toda la cuenca y acordar límites de extracción verificables.

Los productores pueden ajustar el calendario de riego al agua disponible y revisar si los cultivos elegidos tienen mercado. Una reconversión exige calcular costos y asegurar compradores antes de sembrar. La asistencia técnica debe acompañar esa decisión con información de la parcela, para que el cambio proteja el ingreso en lugar de añadir riesgos.

Empacadoras y exportadores pueden acordar con sus proveedores registros de riego y pruebas de calidad del agua para anticiparse. Estas herramientas ayudan a documentar prácticas y orientar inversiones. Su utilidad depende de datos confiables y de costos manejables: los requisitos deben acompañarse de apoyo para todos los productores.

Los municipios deben priorizar el servicio en comunidades con mayores carencias y presupuestar su mantenimiento. La participación de las mujeres necesita horarios accesibles y capacidad de decidir. Pedir a las familias que cuiden el agua tiene más sentido cuando las autoridades reparan fugas y cumplen con el abastecimiento que les corresponde.

El informe invita a mirar el agua desde la vida de las personas. Una mejor gestión debe reflejarse en cosechas rentables, hogares abastecidos y tiempo recuperado para estudiar o trabajar. Cuidar cada cuenca también implica reconocer a quienes han cargado con sus carencias. México avanzará cuando el acceso al agua permita vivir con más tranquilidad.

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