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México.- Helicobacter pylori es una de las bacterias que más comúnmente afectan el estómago humano. Una revisión reciente estima que actualmente está presente en alrededor del 43.1% de la población mundial.

Aunque muchas personas pueden convivir con la infección sin presentar síntomas, su presencia prolongada puede provocar gastritis crónica, úlceras y aumentar el riesgo de desarrollar cáncer gástrico.

La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) estimó que la infección estuvo relacionada con aproximadamente 850 mil casos de este cáncer durante 2020.

¿Qué hace Helicobacter pylori en el estómago?

La bacteria tiene una forma curva o espiral y cuenta con flagelos que le permiten desplazarse a través de la capa de moco que protege al estómago. Su principal ventaja para sobrevivir en un ambiente tan ácido es la producción de ureasa, una enzima que modifica las condiciones químicas a su alrededor y facilita su permanencia.

Una vez establecida, puede provocar una inflamación persistente conocida como gastritis. No todas las personas infectadas desarrollarán complicaciones, pues la evolución depende de factores como la cepa de la bacteria, la respuesta del organismo, la edad en que ocurrió la infección, los antecedentes familiares y las condiciones ambientales.

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¿Cómo saber si una persona podría estar infectada?

Una de las dificultades para identificar H. pylori es que puede permanecer durante años sin provocar molestias. La infección suele adquirirse durante la infancia y puede permanecer en el organismo sin que la persona sepa que la tiene.

Cuando aparecen manifestaciones, pueden incluir dolor o ardor en la parte superior del abdomen, inflamación, eructos, náuseas, menor apetito o sensación de saciedad después de comer. Sin embargo, estos síntomas también pueden deberse a otros padecimientos y no bastan para confirmar la infección.

Hay señales que requieren atención médica, como heces negras, vómito con sangre o parecido a posos de café, pérdida de peso sin explicación, anemia, dificultad o dolor al tragar y otros indicios de sangrado digestivo.

¿Cómo se transmite y cómo se puede prevenir?

La transmisión puede ocurrir entre personas y se han identificado posibles vías fecal-oral, oral-oral y gastro-oral. También se ha estudiado la participación de agua y alimentos contaminados.

La infección suele concentrarse dentro de las familias y es más frecuente en lugares donde existen condiciones de hacinamiento, problemas de saneamiento o acceso limitado a agua segura.

Entre las medidas preventivas se encuentran lavarse correctamente las manos con agua y jabón, especialmente después de ir al baño y antes de preparar alimentos, consumir agua potable y mantener una adecuada higiene durante la preparación, y manipulación de comida.

Sin embargo, la presencia de H. pylori no debe atribuirse únicamente a hábitos deficientes de higiene, pues intervienen factores sociales, ambientales, económicos y familiares.

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¿Cómo se diagnostica y por qué no conviene automedicarse?

El diagnóstico puede realizarse mediante diferentes pruebas. Entre las alternativas no invasivas está la prueba de aliento con urea marcada con carbono 13, que permite identificar la actividad de la ureasa de la bacteria.

También puede buscarse la presencia de antígenos en materia fecal.

En determinados pacientes se utilizan muestras obtenidas mediante endoscopia. La elección depende de las características y necesidades de cada persona.

Uno de los principales problemas actuales es la resistencia de H. pylori a los antibióticos.

Yolanda Flores Cabrera, profesora especialista de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) explicó que medicamentos utilizados durante años, como la claritromicina y el levofloxacino, han perdido eficacia frente a determinadas cepas.

“Pero existe otro factor fundamental: el incumplimiento del tratamiento. Cuando una persona toma los medicamentos de manera irregular, olvida dosis, cambia los horarios o suspende el tratamiento porque se siente mejor, disminuye la posibilidad de erradicación completa. Por esta razón, el tratamiento debe ser prescrito por un profesional de la salud para ir viendo la evolución y cumplirse exactamente de acuerdo con las indicaciones recibidas”, detalló.

Por ello, que desaparezcan las molestias no significa necesariamente que la bacteria haya sido eliminada. Después del tratamiento puede ser necesario realizar una prueba para confirmar la erradicación.

¿Qué importancia tiene el tratamiento frente al riesgo de cáncer gástrico?

La infección no significa que una persona necesariamente desarrollará cáncer. Sin embargo, su relación con el cáncer gástrico está ampliamente documentada y la IARC ha estimado que cerca del 89 % de los casos de cáncer gástrico no cardial pueden atribuirse a H. pylori.

Las recomendaciones médicas actuales contemplan diferentes esquemas para eliminar la bacteria. Entre ellos se encuentra una terapia cuádruple optimizada basada en bismuto durante 14 días, aunque la elección depende de factores como tratamientos anteriores, alergias, exposición previa a antibióticos y resistencia local.

En México, la importancia del problema es especialmente relevante. De acuerdo con estimaciones de Globocan 2024, durante ese año se registraron aproximadamente 8,573 nuevos casos de cáncer de estómago y 7,073 defunciones por esta enfermedad.

Estas cifras refuerzan la importancia de detectar y tratar adecuadamente una infección que con frecuencia permanece silenciosa. La automedicación, el uso de antibióticos sobrantes o la interrupción del tratamiento pueden dificultar su erradicación y favorecer la resistencia bacteriana.

Mientras no exista una vacuna de uso general contra H. pylori, la prevención depende principalmente de las condiciones sanitarias, el acceso a agua segura y las medidas de higiene. Ante síntomas persistentes o señales de alarma, la valoración médica es fundamental para establecer un diagnóstico y determinar el tratamiento adecuado.

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